hikari_shiroki: description on the journal. (Hikari flowers)
hikari_shiroki ([personal profile] hikari_shiroki) wrote2012-04-04 06:50 pm
Entry tags:

[Original] La niña que aprendió a reír

 

Hace mucho tiempo, en una casa convencional en el centro de la bahía de Ocucaje, había una niña muy triste que todas las mañanas salía sola hacia el mar y se pasaba el día mirando las olas chocar contra la playa mientras esperaba y esperaba inquieta algo que no le quiso confiar nunca a nadie.

En su casa, por las noches, las paredes lloraban y no la dejaban dormir, así que la pequeña no tenía más remedio que escuchar y escuchar sin posibilidad alguna de conciliar el sueño y de sentir otra cosa que compasión por el llanto acumulándose todas las noches.

Una tarde, una anciana viajante que había llegado ahí a pasar el verano con sus nietos vio a la niña sola y triste y se le acercó para preguntarle por qué no jugaba con los otros niños a su alrededor. «No sé jugar», le respondió la niña, «en casa no tengo con quién».

La buena anciana se conmovió de la niña y se pasó toda aquella tarde enseñándole muchos juegos y haciéndola reír.

«¿Qué es esto que sale de mi estómago?», le preguntó la niña emocionada y la anciana le respondió: «Es tu risa». La niña nunca la había escuchado antes y sintió que era lo más placentero que había sentido en su vida.

«¿Por qué las personas no ríen todo el tiempo?», le preguntó intrigada de por qué nunca había escuchado algo como aquello en su casa y queriendo compartir una sensación tan agradable con las paredes plañideras.

«Hay cosas que nos preocupan a veces», le respondió la anciana observando que la tarde terminaba y pronto tendría que recoger a sus propios niños y regresar a casa, «y mientras no podamos sacárnoslas de la cabeza no podemos reír».

La niña se despidió de la amable anciana al poco rato y regresó a su casa. Pero por más que la abuelita regresó a la playa durante todos los días restantes de su estancia no la volvió a ver.

Un año después regresó con sus nietos nuevamente hacia la bahía y una mañana vio llegar a la niña de la mano de una pareja adulta. La pequeña la reconoció en el acto y dándole un gran abrazo y una gran sonrisa le presentó a sus padres quienes se mostraron felices de conocer a la anciana.

Mientras la niña jugaba con los demás niños, la abuelita les preguntó a los padres a qué se debía el cambio que había sufrido la criatura, que había pasado de la tristeza absoluta a una alegría desbordante.

Sus padres le contaron a la anciana que su otro hijo, el hermano mayor de la pequeña, finalmente había terminado por fallecer después de pasar muchos años luchando contra un tumor en su cerebro. Los padres habían entrado a la habitación una mañana para encontrarlo muerto, con la cabeza llena de sangre, y los médicos le dijeron que el tumor había terminado por causar una úlcera en medio de la noche y el joven había muerto de la hemorragia.

De eso había pasado todo un año y los padres, ya repuestos de su muerte, habían dejado de llorar a todas horas de la noche y se habían dedicado a tratar de hacer la vida de su hija sobreviviente más placentera.

La niña llegó al poco rato por sus padres para irse y cuando se despidió de la anciana le dio un fuerte abrazo mientras le agradecía por su consejo una vez más. «Tenías razón, abuela, lo mejor es sacar los problemas de las cabezas de las personas», le dijo mientras volvía a reír como para demostrar que ahora podía hacerlo.